bala

Imágenes de la plaza de Mayo bombardeada, un espacio escénico intervenido, reducido y circular. Música, oscuridad. Las sombras de los cuerpos en escena que se vislumbran en la penumbra. Una pregunta cuando aún no sonaron las palabras ¿cuánto podemos soportar en la oscuridad? Aunque nos sepamos en una sala de un teatro. Una negrura incómoda, que dispone los sentidos para lo que pronto vamos a ver.

La bala de plata.
Correspondencia entre J. D. Perón y J. W. Cooke
Una intervención político poética dedicada a Horacio González.

La espectralidad de nuestros fantasmas y la totalidad de la obra condensada en tres líneas. Una unidad de significado que funciona sin jerarquías. Que lo contiene todo: el orden mitológico, el concreto/material y el simbólico.

Y en escena dos mujeres: Cristina Banegas y Karina Elsztein, quienes componen a J.D Perón y a J.W.Cooke – respectivamente- y entre ellos, el lazo de amor y la lealtad por el movimiento y por la conducción del General. En un mundo ¿otro?, de plazas bombardeadas y revoluciones sociales, estos dos hombres encuentran en el epistolar la única vía de comunicación para intentar enmendar el destino de un país que se les escapa de las manos.

La correspondencia compuesta por cartas escritas a lo largo de diez años, da como resultado más de un centenar de cartas. En ellas indagaron junto con la directora Graciela Camino para componer esta pieza teatral.

Cooke, quien fue denominado por Perón tras su derrocamiento como “el único jefe para presidir a la totalidad de las fuerzas peronistas organizadas”, solicita, exige, demanda. Se mueve por el continente a lo largo de esos años hasta llegar a la Habana en los albores de la Revolución. Perón siempre exiliado, contiene, delimita, enseña. El vínculo no puede más que tensarse. Perón organiza y Cooke exige, exige desde el amor al movimiento, a la convicción política, a la necesidad de la impotencia de un proyecto político social truncado. Demanda acción, es la fuerza de la juventud impugnando por el cambio, así sea armado.

Y lo que encuentran esos cuerpos en escena es lo que podemos ver y compartir. Cuerpos, ya sin nombre ni género, espectrales, que comunican con los movimientos mínimos, y palabras que resuenan como un mantra. En un trabajo que traduce la convicción y contradicción de un vínculo, pero también la de una certeza: que el teatro es también un campo de batalla, nuestro campo de batalla.

La pieza se completa con una carta entregada en mano a los espectadores al llegar al teatro, una carta que le escribió Cooke a Alicia Eguren en donde, en la previa de una operación y previniendo su posible muerte, le da expresas indicaciones de “planificación necrológica”. Palabras que parecen condensar una personalidad: con sentido de humor, profundamente ateo y previsor. Cooke, sabe que su cuerpo será un territorio de disputa. ¿Cuál es el gesto que esconde entregar esta carta? ¿Cuánto se le puede pedir al líder apresado? ¿cuándo toca simplemente, pasar a la acción?

“La bala de plata” nos interpela sobre un pasado que bien podría ser nuestro presente. Sobre vida y legado. Sobre la necesidad siempre imperante de hacer la revolución. Aunque implique abandonar cualquier diálogo y hacerlo explotar todo. Sobre los fantasmas que viven con nosotros y que quizá no puedan desaparecer ni siquiera usando la mítica bala de plata.

Ficha técnica de la obra