A veces los grandes acontecimientos de la historia sirven para contar historias mucho más pequeñas, pero también mucho más cercanas. Situada en los últimos meses de 1945, mientras el mundo aguarda el final de la Segunda Guerra Mundial, esta historia desplaza la mirada del horror, hacia una pequeña vereda porteña, donde un puesto de diarios se convierte en el centro de un universo afectivo tan frágil como necesario.