La experiencia escénica Volver Voltar, del Proyecto Amor Eterno —con 15 años de trayectoria internacional—, se compromete con la intensidad física y la evocación emocional para abrir cosmos sensibles en diálogo con imágenes asociadas al tango, la reiteración de formas de rectilíneas y el análisis de planos, pilares de la investigación espacial. La pieza se ofrece como exploración corporal con el movimiento y la presencia de los intérpretes en el rol central.
No obstante, la obra parece priorizar lo atmosférico frente al desarrollo de cierta premisa definida. Tal elección genera sensación de narrativa enigmática con escenas enlazadas en cadencia libre para acoplar la composición de manera sólida.
En relación con el abordaje del tango, se advierte esta aproximación flexible, abriendo paso a interpretaciones contemporáneas; por momentos se advierte cierta distancia respecto de los códigos, matices y tradiciones propias de este estilo. Esta elección estética deviene interesante como principio de referencia, permaneciendo como espacio de indagación todavía en ciernes.
En el plano físico, la obra incorpora elementos acrobáticos y coreográficos en pos de elevar la calidad del montaje; tales pasajes ofrecen margen de desarrollo técnico. Del mismo modo, la exploración de técnicas escénicas parece orientarse a la iteración de efectos, dejando espacio para mayor investigación expresiva. El escenario presenta condiciones óptimas: focos, proyectores, medios de protección y elementos de acrobacia; herramientas valiosas a la espera de mayor integración para alcanzar esplendor máximo.
Volver Voltar se presenta como planteamiento con clara vocación de indagación, arriesga por la potencia escénica y la sensibilidad, dejando abierta la posibilidad de expandir y consolidar las herramientas narrativas, técnicas y nocionales.