17/04/2026
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Mamá Planta propone detenerse a pensar en los vínculos, sin golpes bajos, sin respuestas esperadas o dichas, habla de la forma en que transitamos ausencias y en cómo, aún desde el dolor, desde la profunda pena, se siguen construyendo lazos. Es una obra que habla de memoria, de familia,de relaciones, las que nos tocan, las elegidas y de esas pequeñas resistencias cotidianas que nos sostienen.

Existen obras que nos instalan interrogaciones, que cuentan historias y preguntan.
Mamá Planta es una de esas experiencias teatrales que, sin pomposidad, consigue incomodar de manera suave al espectador y dejarle algo dando vueltas cuando ya se apagaron las luces.


Nos encontramos con cuatro personajes, que van construyendo un universo íntimo, donde lo cotidiano se mezcla con lo poético. Malena, una adolescente atravesada por la pérdida, se mueve entre el diálogo con los otros y una complicidad constante con el público, rompiendo la cuarta pared para compartir pensamientos que no siempre pueden decirse en voz alta. Este recurso funciona como puente emocional, haciendo que quien mira se sienta parte de algo más que una historia ajena, logrando conmover con una potente voz y musicalidad que acompañan la historia.


El resto de los personajes van sumando distintos niveles de profundidad, distintos matices que enriquecen el relato y que son cercanos, personajes que conocemos, personajes cotidianos. Una tía que parece haberse quedado atrapada entre la nostalgia de sus ideales pasados y un presente que le pesa, un visitante que simboliza cierta rigidez del mundo adulto y formal, pero deja entrever grietas; y un perro que inesperadamente introduce humor, ternura y una cuota impensada de sensibilidad.


De los aciertos a destacar de la obra se acentúa gratamente la música, con interpretaciones que acompañan y refuerzan el clima emocional, generando momentos de honestidad que son tan necesarios. La puesta en escena es sencilla y bien pensada, no pretende más que lo que promete: luces que dialogan con los estados de ánimo, un espacio escénico que se transforma sin artificios y un vestuario que se acerca.


Mamá Planta propone detenerse a pensar en los vínculos, sin golpes bajos, sin respuestas esperadas o dichas, habla de la forma en que transitamos ausencias y en cómo, aún desde el dolor, desde la profunda pena, se siguen construyendo lazos. Es una obra que habla de memoria, de familia,de relaciones, las que nos tocan, las elegidas y de esas pequeñas resistencias cotidianas que nos sostienen.


Es un teatro sensible, cercano y con identidad, un teatro para repensar. Mamá Planta se presenta como un llamado a dejarse atravesar por una historia que, probablemente tenga más de nosotros mismos, de lo que creemos.