26/04/2026
peron
"Perón en Caracas", presentada en el complejo teatral Ítaca, indaga en dos asuntos centrales. El primero —y es precisamente gracias a esa creatividad escénica que ya señalamos, con sus recursos técnicos y poéticos— es la constante disertación del personaje puesta en tensión con diarios, libros históricos como la Biblia o el "Martín Fierro", tangos, noticias audiovisuales, cartas e informes: una reflexión sobre la palabra y la formación de discursos que, en un gesto metateatral, la propia puesta subraya al mostrarse como construcción.

Poco queda por decir de Perón, pero es innegable el peso histórico y simbólico de su figura. Por eso, en primera instancia, hay que reconocer la valentía y el trabajo del actor al encarnar este personaje sin intentar ser imitativo —riesgo que pudiera devenir parodiante.


Lo primero que cabe señalar de “Perón en Caracas” es que, dado que el texto original de Lamborghini es bastante conocido —y de fácil acceso online—, la comparación con esta puesta en escena se vuelve casi inevitable. Y resulta remarcable la creatividad y la cantidad de recursos técnicos (como proyecciones audiovisuales) y poéticos (como “el flautista”, que ocupa el lugar del coro y a la vez nos recuerda a la cuerda rota de Chéjov) con que la compañía ha resuelto y aggiornado la pieza.


Luego, aunque esperable, sorprende igualmente la afectación de este convivio en particular sobre la experiencia teatral total. Constantemente se oyen los murmullos de espectadores que se anticipan a los textos y acciones —¿fanáticos de Lamborghini, tal vez?— o comentan los episodios históricos que la pieza representa —fanáticos de Perón, probablemente—; oportunamente se entonan consignas y canturreos peronistas. Estas intervenciones del público interrumpen, dificultan o evidencian la falta de atención sobre aquello que esta puesta en particular nos cuenta: asuntos que exceden el relato histórico o el anecdotario de Perón.


Todo esto nos lleva a preguntarnos, finalmente, de qué nos habla la obra. “Perón en Caracas”, presentada en el complejo teatral Ítaca, indaga en dos asuntos centrales. El primero —y es precisamente gracias a esa creatividad escénica que ya señalamos, con sus recursos técnicos y poéticos— es la constante disertación del personaje puesta en tensión con diarios, libros históricos como la Biblia o el “Martín Fierro”, tangos, noticias audiovisuales, cartas e informes: una reflexión sobre la palabra y la formación de discursos que, en un gesto metateatral, la propia puesta subraya al mostrarse como construcción. El segundo asunto es la soledad y la sensibilidad: la humanización de un personaje que, a fuerza de historia, parecía obligado a caminar solo entre sus propias estatuas.