La obra dialoga con el mito de Las Bacantes, pero lo hace desde un registro propio, cercano, con un lenguaje que se reconoce en lo barrial, en lo popular. Las voces de estas mujeres construyen un tejido común hecho de rimas, de humor filoso y de una verborragia que acerca, que incluye, que vuelve familiar lo que podría ser ajeno. En ese entramado, cada personaje encuentra su momento para decir, para romper, para sostener y sostenerse.
