Somos hacedores de teatro
Milagro es un manifiesto político donde, subliminalmente, se baja línea y se adoctrina sobre las clases sociales, para terminar en el veredicto de: los ricos son malos y los pobres, buenos.
La obra comienza con Ananda Bredice entrando a escena para presentar a Milagros Figueroa Alcorta, apellido que hace referencia a su lugar de nacimiento (Figueroa Alcorta y Tagle). Blonda y vestida de blanco, Leticia Bredice se presenta tímidamente a contar su historia y sus traumas. Su interlocutora actuará a lo largo de la puesta de apuntadora ante los olvidos y de sombra junguiana que acompaña al personaje a revelar el milagro acontecido.
La historia de vida consta de una mujer de clase alta, perteneciente a una familia disfuncional y numerosa, donde su madre es alcohólica, su padre, desaprensivo y ausente, y la empleada doméstica sostiene la casa estoicamente. En ese mundo sufre abusos físicos y psicológicos, desarrolla adicciones y se convierte en una suicida frustrada y compulsiva.
En ese universo desolador se encuentra con distintos personajes y lugares pertenecientes a las clases sociales más bajas, que reiteradamente son asociadas a la suciedad, la vulgaridad y la marginalidad repudiadas por ella y los de su clase.
El milagro sucede cuando descubre que todo lo que le da asco es mejor que el lugar al que pertenece y decide redimir sus culpas del pasado. En ese viaje, termina pagando sus pecados mediante una especie de castigo divino.
El texto es pobre y reiterativo, permanentemente cae en arquetipos y lugares comunes. Por momentos, ordinariamente innecesario. En algunos pasajes, parece haber sido construido a partir de retazos biográficos propios y de figuras del mundo del espectáculo contados recientemente en series biopics.
El registro de actuación fluctúa, recorriendo emociones que Leticia sabe manejar a la perfección, siendo su única red en escena, ya que carece de escenografía y la iluminación y el sonido no acompañan como deberían. Su vestido blanco deja de ser sinónimo de pureza cuando es levantado y permite ver unas botas negras y ropa interior de animal print, alegoría que podría querer mostrar la integración de los dos mundos, si es que existieran.
Milagro es una propuesta controversial, sin términos medios, donde se la puede aplaudir o retirarse en medio de la función. La aguja que determina un lado o el otro es si se va a ver la obra por admiración incondicional a su intérprete o como un amante de las artes escénicas en general.
Ficha técnica de la obra