En el teatro nunca está todo dicho, siempre hay algo nuevo por mostrar. Esta obra no es la excepción. Un musical cargado de una energía escénica inigualable que entremezcla en una armonía vibrante la relación de una madre y una hija, el camino de una boyband con su séquito de fanáticas y un país azotado por la crisis económica y social. Escenas de danza, cuerpos llevados al límite, exploración de la sexualidad, represión policial, planteos hacia nuestras figuras materna y paterna, miedos de la infancia, sueños truncados, ilusiones desbarrancadas, la promesa de un futuro mejor que nunca parece llegar.
La obra pone en manifiesto críticas sociales desde el humor y el sentido de que hay algo más grande que nosotros; con claras referencias nostálgicas a la cultura pop, lenguaje actual de las redes sociales y chistes internos de las generaciones de los 90s y los 2000. Momentos de comicidad y complicidad con el público que rompen con la tensión que atraviesa a los personajes. Una energía física y emocional que se sostiene a lo largo de toda la obra, compuesta por acrobacias, canto, interacciones con el público, juego escénico e infinidad de recursos originales para mantenerte hipnotizado en un caos armonioso y bello.
Los personajes, tan distintos entre sí y unidos por una misma pasión, atraviesan un proceso similar al de la adolescencia, con todas sus dudas, inquietudes y arrebatos. Reflejan la gracia e inocencia de la juventud, mientras defienden sus convicciones e ideales con fervor. Cada personaje transita su propio camino, entre adicciones, temores y el descubrimiento de su identidad. Cada uno viviendo su propia realidad atravesado por sus demonios, tropezando una y otra vez sobre los mismos errores, incapaces de lograr un resultado distinto al que la historia de este país parece condenado. El eterno retorno de la juventud y el deseo de que no sea demasiado tarde para vivir nuestros sueños y ser parte de una comunidad en donde todos tienen un lugar. Un rol. Una verdad.
La dirección del espectáculo y la interpretación de los artistas es audaz y temeraria; exponiendo lo más visceral del ser humano desde un enfoque sensible y profundo. El ritmo de la obra te conduce por diversos estados, desde la risa absurda hasta la emoción desgarradora. Se destaca la labor física de los intérpretes, que con sus cuerpos logran expresar la emoción más profunda a lo largo de un ritmo imparable y tenso. La puesta en escena está compuesta de juegos de luces y música en vivo que acompañan el frenesí de la obra.
Una obra que transmite un mensaje: El aliento esperanzador de que después de cada crisis, llegará el momento de creación; y más poderoso será si es en conjunto con personas que comparten la misma devoción. Una obra que no pide permiso ni perdón. Una obra que impacta desde lo estético hasta lo emocional sin miedo. Una obra que da de qué hablar. Una obra que continúa disparando ideas y reflexiones horas después del espectáculo, donde entre tragos de cerveza uno saborea y disfruta el haber presenciado El Próximo Furor.
Ficha técnica de la obra