Es, en definitiva, un trabajo que no se limita a representar, sino que toma posición. Que recupera territorios, lenguas y memorias desde un lugar activo, devolviéndoles presencia. Y que, en ese gesto, siembra algo que excede la escena: una posibilidad de reconstrucción que, como toda semilla, crece de manera silenciosa, pero persistente, abriéndose paso incluso en los espacios más duros, como la gramilla rompiendo el adoquín.|
