“Los besos que no dimos” no busca cerrar, ni ordenar, ni ofrecer una experiencia tranquilizadora. Hay algo deliberadamente inconcluso, algo que se escapa incluso de su propia lógica performática. Como esos besos que el título invoca: promesas suspendidas, intentos fallidos, gestos que no llegan a realizarse, deseos que quedan en el imaginario; pero que, en su no-acontecer, dicen más que cualquier resolución. Es una obra que insiste, moviliza, por momentos se dispersa, por momentos acierta con precisión.
