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Este año se cumplen 90 años del asesinato del poeta y dramaturgo andaluz Federico García Lorca, fusilado por las milicias franquistas en agosto de 1936, al comienzo de la Guerra Civil Española.

TRILOGÍA LORCA es un homenaje, con motivo de este aniversario, que lleva al escenario una serie de poemas que se fusionan con el baile flamenco (Marcela Suez, Juan Ayala) el cante (Claudia Montoya) y la guitarra (Luciano De Paula). Poesía, baile y música componen la trilogía.

Los textos de García Lorca que aparecen en escena provienen principalmente del poemario ROMANCERO GITANO (1928): «El romance de la Luna-Luna», «La monja gitana» y «La casada infiel».

Para hacerle justicia a la riqueza de esa palabra cabe señalar que la palabra «romance» remite en este caso a una tradición de poesía narrativa popular, antes que a la composición literaria vinculada a las historias de amor. Los romances, compuestos habitualmente en versos de ocho sílabas con rima asonante en los pares, encontraron en la transmisión oral una forma de perdurar y transformarse. Es por eso que el romance remite a “la voz del pueblo”. En la Edad Media, el latín se usaba en muchos textos eruditos, pero la población hablaba cotidianamente lenguas que habían surgido de él, como el castellano antiguo. Esas lenguas recibieron el nombre de «romances». Relatos que pasan de boca en boca y hacen de experiencias, conflictos y deseos una memoria colectiva. De esa sensibilidad popular estaba compuesto el arte de García Lorca, y quizá de ahí su potencia y su peligrosidad.

Luego, también de Lorca, cobran vida los textos «Café cantante» y «Las seis cuerdas», del libro POEMA DEL CANTE JONDO (1931), junto a algunos versos de «Llanto por Ignacio Sanchez Mejía». Finalmente, TRILOGÍA LORCA recupera una parte de «El crimen fue en Granada», de Antonio Machado.

“Elegí esos textos porque nos transportan a mundos misteriosos, ancestrales, y profundamente humanos. Hablan de la vida, de la muerte, del amor y el desamor y finalmente de la muerte del propio Federico. Son textos que relatan breves historias ancladas en Andalucía, la tierra de Federico, donde nace y se desarrolla el arte flamenco, permitiéndonos entrelazar los poemas con la guitarra, el cante y el baile”, dice a TEATRISTAS Marcela Suez, autora de la obra e intérprete.

La cercanía con la que Marcela dice “Federico” es la misma cercanía que transmiten la música, el baile y el teatro, el cuerpo de este homenaje que puede verse en la Sala Mediterránea, en el barrio de Almagro.

Finalizada la obra, tras el aplauso, los intérpretes rescatan el teatro independiente y mencionan la experiencia de LA BARRACA (1932), una iniciativa cultural de vanguardia, diseñada Federico García Lorca y Eduardo Ugarte, junto a estudiantes universitarios (LA BARRACA, TEATRO UNIVERSITARIO, se lee en el afiche junto al cual poza Lorca con un mameluco azul, en una famosa fotografía).

LA BARRACA se encargó de llevar el teatro fuera de los grandes centros urbanos del Estado Español, de manera itinerante y gratuita.

En ese recuerdo Lorca también vive y es homenajeado. El arte y las ideas no se pueden fusilar.

Ficha técnica de la obra