000314066
En Trapos son los viejos, el despliegue de producción no escatima en ambición: una escenografía sólida, vestuarios correctos y un diseño de luces elaborado que nos sumerge con prolijidad en esa Mar del Plata hostil y tormentosa.

Sostener a diez actores en la escena independiente actual es, ante todo, un acto de fe y una proeza logística que merece celebrarse. En Trapos son los viejos, el despliegue de producción no escatima en ambición: una escenografía sólida, vestuarios correctos y un diseño de luces elaborado que nos sumerge con prolijidad en esa Mar del Plata hostil y tormentosa. Las actuaciones defienden sus roles con una dignidad encomiable y la dirección mantiene el barco a flote. Hay un engranaje visualmente impecable y un amor evidente por el oficio; el problema, sin embargo, parece estar en las decisiones de base de la propuesta.


La premisa de la fuga geriátrica es excelente y prometía transformarse en un espacio de alta potencia para reflexionar sobre el lugar de la vejez en nuestra sociedad. No obstante, al cruzar el umbral de la casa en desuso, la obra se desvía de su eje y se repliega sobre el costumbrismo del secreto familiar. Al intentar abarcarlo todo en simultáneo —la amistad, el abandono, la monogamia y las internas del pasado—, el relato se diversifica tanto que termina por perder claridad sobre cuál es su conflicto central.


Esta acumulación de subtramas genera una saturación del espacio dramático donde algunos personajes terminan desdibujados —no por falta de talento de los intérpretes, sino porque la estructura los condena a la periferia de la acción—. El riesgo mayor es que la vejez, en lugar de ser problematizada a través de la tremenda presencia que esos cuerpos tienen en escena, queda atrapada por momentos en una incómoda zona gris entre la construcción dramática y la parodia involuntaria.


Al salir de la sala, queda la sensación de que la falla no radica en el guion ni en el compromiso actoral, sino en una conceptualización inicial que prefirió la acumulación antes que la síntesis. Frente a un despliegue técnico y humano tan valioso, se extraña la presencia de un punto de fuga más específico que ordene semejante energía grupal. La valentía y los recursos están sobre las tablas; la obra contiene los elementos para encontrar su propio cauce, solo resta que el texto termine de dialogar con la madurez que la misma puesta en escena propone.