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Las Catástrofes, de Malena Pedrol Bellocchio y Abril Roma Castelli, se aventura en un territorio inusual para el circuito independiente porteño: la ciencia ficción postapocalíptica. Y la experiencia arranca mucho antes de que se apague la sala. Una maqueta de una Buenos Aires que claramente no es la ciudad que conocemos, las entradas del subte y un pequeño arcón urbano invitan al espectador a depositar aquello que conservaría en una cápsula del tiempo. Un gesto mínimo pero potente que nos pliega desde el vamos a ese mundo en ruinas, recordándonos que el dispositivo teatral también se construye con la complicidad de quienes asistimos.


Acierta la obra al sostenerse dentro de las convenciones de la ciencia ficción, esquivando esa tentación tan localista de convertir lo extraordinario en realismo mágico. Hay, en cambio, una apuesta política sumamente estimulante: reivindicar la ciencia argentina. En esta distopía, el conocimiento no solo sobrevive al colapso, sino que se obstina en avanzar sin recursos —una fantasía política bastante más interesante que cualquier milagro—. A esto se le suma una alteración del tiempo escénico que dinamita cualquier cronología tranquilizadora, y una hábil integración del fuera de escena como espacio narrativo; lo que no vemos carga con el mismo peso dramatúrgico que lo desplegado ante nuestros ojos.


La otra gran columna vertebral es el trabajo corporal de las actrices. Sus cuerpos construyen un lenguaje que excede al texto, operando como archivo, territorio político y herramienta para hacer sensible la experiencia del desastre. En ese páramo surge un concepto fascinante: una sororidad de subsistencia, una alianza entre mujeres que prescinde de cualquier idealización naif para adquirir verdadera relevancia política. No se trata de una comunidad armónica, sino de una estrategia para seguir vivas. Una intuición que Malena Pedrol Bellocchio ya había explorado en Muerto Muerto y que aquí, junto a Abril Roma Castelli, encuentra un nuevo terreno de experimentación.


Sin caer en cierres confortables ni resoluciones ingenuas, la obra sostiene hasta el final un tono tan trágico como poético. Las Catástrofes demuestra que, cuando las estructuras colapsan, las formas de vincularnos y sobrevivir se tensionan hasta el límite. Al salir a la vereda, queda flotando esa pregunta sorda sobre qué es lo que realmente permanece cuando el mundo conocido, sencillamente, deja de existir.

Ficha técnica de la obra