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Con nuestras dos protagonistas ya listas en escena y una música que nos transporta al pasado, somos recibidos en la reconocida playa Bristol, tesoro nacional de nuestra patria. Las cálidas luces del escenario y la puesta en escena sencilla pero vibrante que refleja la típica carpa playera, desarrollan el acto donde dos hermanas reviven fragmentos de su vida compartida de dos maneras muy distintas.
Teresa y Yolanda, completamente opuestas en valores, ideologías y estética, nos cuentan su historia entre chistes, humor desenfadado y reliquias familiares. Una familia de clase media-baja de Buenos Aires. Por un lado, la hermana que decide continuar el legado familiar con sus respectivos valores, rindiendo homenaje a sus figuras parentales y a lo que se espera de ellas. Por el otro lado, la hermana rebelde que decide ir contra lo establecido y romper con el status quo de la época. Ambas comparten un pasado traumático y una tragedia familiar que las convirtió en las dos caras opuestas de la misma moneda que hoy son. Al presenciar esta historia, uno no puede evitar preguntarse: ¿Cómo pueden dos versiones de los mismos hechos ser tan distintas? ¿Cómo es posible generar sensaciones tan opuestas a partir del mismo recuerdo?

La obra, escrita por Pablo Mascareño y dirigida por Ale Ojeda, funciona como un claro viaje al pasado, donde se puede optar por dos caminos, siendo ninguno el incorrecto: Romantizar el mismo bajo la creencia de que todo tiempo pasado fue mejor y debe mantenerse su esencia; o romper con los paradigmas en búsqueda de un futuro que resignifique nuestras heridas más profundas y, sobre todo, nuestra identidad. ¿Quiénes somos sin una historia que nos de forma? ¿A dónde queremos dirigirnos si pudiéramos desprendernos de todo lo que se espera de nosotros?

Las referencias a figuras de la época, en conjunto con las canciones recitadas, por momentos en una performance bizarra, nos transportan a través del tiempo a la típica familia bonaerense; donde confluyen vivencias traumáticas, los sueños de la infancia y las presiones sociales. La atmósfera opresiva cargada de tensiones y mandatos familiares que acosan a las protagonistas consigue hacerte sentir parte de la obra, como si estuvieras bajo el sol de la Bristol un día de febrero a las 2 de la tarde: ahogado, asfixiado por el calor y levemente entumecido. El espectáculo no falla en ofrecer momentos de alivio cómico, risas y juegos delirantes entre sus intérpretes que, con el uso de varios elementos técnicos, rompen con la tensión que parece ir en aumento hasta alcanzar el clímax – sin duda, impactante – de la obra.
Se destaca enormemente la labor física de sus intérpretes, Mauricio Camilo y Javier Pironi, quienes logran darle vida a dos mujeres tan distintas entre sí como iguales en su efervescencia y adoración por los valores que defienden con vehemencia.

Ficha técnica de la obra