17/04/2026
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El Pulpo parece decirnos que no existe separación fácil o sencilla, pero que quizá, haya que dejarse atrapar por las olas de la marea para surfear en la búsqueda de ese nuevo “yo” sin un otro.

El pulpo
-o todo lo que el cuerpo puede decir-

El domingo pasado fuimos con una amiga a ver “El Pulpo” al teatro del pueblo, uno de mis teatros favoritos de la ciudad. La obra, con texto de Gabriela Farjat, está dirigida por Paula Banfi e interpretada por Lola Banfi.

Azul, celeste y algo de verde, nos recibe en el escenario. Es la primera invitación para adentrarnos en este unipersonal inmersivo -y porqué no acuático-, que cuenta una historia de desamor. Junto con la protagonista, reconstruimos los últimos pasos de su relación y todo lo que viene después: el vacío, la angustia, el frenesí, las fantasías de superación.

En este mundo, lo cotidiano se convierte en un ambiente que ahoga, en un momento, en el que no se tienen respuestas. El pulpo, entonces, aparece para adentrarnos en la soledad necesaria para encontrar esas respuestas, o por lo menos, para transitar la profundidad que se necesita para descubrirlas.

Lo que más me llamó la atención de la puesta es que el cuerpo de la protagonista habla y convoca a sentir más allá de las palabras. Convirtiéndolo en un procedimiento propio de la pieza teatral. Este juego es sumamente interesante en relación a la temática que propone: ¿cómo nombrar el desamor sí para todos duele distinto, pero todos sabemos que duele? Así, las emociones, indescifrables, toman vida y se hacen cuerpo. Es a través de los matices del movimiento que la obra nos invita a sentir más que a racionalizar. Todo esto acompañado por música original. ¿Cómo se expresa la dulzura y la fragilidad a través del movimiento? ¿O la ira y la impotencia?

El Pulpo parece decirnos que no existe separación fácil o sencilla, pero que quizá, haya que dejarse atrapar por las olas de la marea para surfear en la búsqueda de ese nuevo “yo” sin un otro.