La caracterización de ambos intérpretes es admirable, no sólo por su precisión técnica sino por el riesgo que asumen. Amanda evita cualquier lugar cómodo: no es la víctima esperable, sino un cuerpo cargado de resentimiento, capaz de ejercer violencia con una lucidez inquietante. Hay un trabajo fino en la construcción física y vocal que vuelve verosímil cada intervención, cada pausa, cada ataque.
