Somos hacedores de teatro
Bajo las puntadas no nació como una pieza teatral, sino como un cortometraje filmado en pandemia y semifinalista en los Student Academy Awards 2025, premio que otorga la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Nueva York.
Su adaptación al escenario del Teatro Carella no le hace justicia a la pieza original.
La puesta, un tanto forzada, transcurre sobre el escenario —donde se recrea el sótano en el que se desarrolla la mayor parte de la historia— y en el pasillo derecho, donde se montó una escenografía y transcurren escenas relevantes que, según la butaca que toque en suerte, simplemente se pierden.
La voz de los actores está amplificada con micrófonos de mala calidad que crean un efecto de sonido binaural para acompañar las sensaciones de Lilli, el personaje que habita el sótano y vive los acontecimientos a través de los sonidos espaciales.
Al igual que en la pieza audiovisual, permanentemente suena música de fondo, por momentos a un volumen que llega a empastarse con las voces y ralentiza la obra, generando un clima exageradamente dramático que le quita dinamismo al relato.
Hay que destacar el diseño de luces, muy bien logrado, así como el vestuario y el mobiliario, que encajan perfectamente con la época en la que transcurren los hechos. El sótano está muy ingeniosamente recreado.
Las actuaciones son correctas en su mayoría denotando un elenco que no es parejo en su calidad interpretativa.
Una propuesta interesante que falla, principalmente, en su adaptación escenográfica, generando una expectativa que, al terminar, deja gusto a poco.
Ficha técnica de la obra