23/05/2026
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Protagonizada por Camila Peralta y escrita y dirigida por Martín Bontempo, la pieza teatral continúa convocando a la sociedad y reuniendo a un público diverso en el Teatro Metropolitan, luego de varios años de temporadas en diversos teatros. ¿Qué hace que se mantenga en la conversación? Entre muchos factores como la actuación, la puesta, la dirección y la historia, son las preguntas sobre las mujeres, la salud y la clase social, aquellos cuestionamientos quedan asentados en la mente de los espectadores una vez que abandonan la sala.

Suavecita, la protagonista, se autodenomina ante un paciente, que es a la vez un cliente, como su regalo. Ese encuentro, como muchos otros, entre un enfermo de un hospital del conurbano y una mujer fragmentada -un mito de barrio y un cuerpo femenino precarizado- es organizado por el Doctor Rodríguez. Este profesional de la salud la contrata para que cure a los pacientes mediante el acto sexual que tiene un desarrollo anormal porque Suavecita entra en una especie de trance de fantasías e interpreta distintos personajes.

Protagonizada por Camila Peralta y escrita y dirigida por Martín Bontempo, la pieza teatral continúa convocando a la sociedad y reuniendo a un público diverso en el Teatro Metropolitan, luego de varios años de temporadas en diversos teatros. ¿Qué hace que se mantenga en la conversación? Entre muchos factores como la actuación, la puesta, la dirección y la historia, son las preguntas sobre las mujeres, la salud y la clase social, aquellos cuestionamientos quedan asentados en la mente de los espectadores una vez que abandonan la sala.

El cuerpo de una mujer pobre del conurbano es el eje de la historia. En escena, se observa a una única actriz y los enfermos son representados por un maniquí, es decir que, la protagonista no tiene a nadie más que a sí misma. Es una madre sola con su hija -y las cuotas de patín para pagar- que no obtiene oportunidades ni opciones, entonces, acude a lo único que le queda: su cuerpo. Aquel que funciona para todos -los experimentos del doctor, la sanación de los enfermos, el mito de barrio, y la perversión de los medios de comunicación y de la gente- menos para ella.

La figura doble de Suavecita genera fascinación tanto dentro como fuera de la obra. Una vez que la existencia de su trabajo corre de boca en boca como un rumor, los vecinos se agolpan afuera de su casa; nadie quiere verla a ella, sino a su poder de sanación. La santificación ocurre al instante. Mientras, el público en los asientos tiene al frente una imagen adictiva, no se puede dejar de ver a esa mujer poseída por las fantasías sexuales de los pacientes-clientes.

La obra incomoda pero tiene breves momentos de risas, produciendo ambas instancias de tensión y relajación. Invita a reflexionar sobre la precarización laboral de las mujeres en contexto de pobreza: ¿habrá otra opción que no sea la sexualización de su cuerpo? Continúa en Avenida Corrientes los martes de marzo a las 20:30 en el Teatro Metropolitan.