19/05/2026
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Lejos de la pretensión o el golpe bajo, la dramaturgia abraza la frescura de su costumbrismo sin perder espesor. Hay una escucha atenta al lenguaje y a las dinámicas de los jóvenes de hoy, lo que permite que el público conecte de inmediato a través de la risa, pero también desde la identificación. La obra entiende que el living de una casa o los secretos compartidos en una escapada al Tigre pueden ser el escenario de las batallas existenciales más profundas de la vida.

Hacer comedia adolescente en el teatro independiente es un riesgo; dotarla de un tinte costumbrista y situarla bajo el influjo de los misterios del Delta es una apuesta tan audaz como magnética. Prohibido subir al altillo nos sumerge en ese universo fluvial para articular un divertido y honesto recorrido por las inquietudes de la juventud: los primeros amores, las lealtades de la amistad y las complejidades de los vínculos en una etapa donde todo se vive a flor de piel.

Sostener a siete actrices y actores en escena —un número inusual y ambicioso para la escena autogestiva— requiere una precisión de relojería. El logro principal de la obra radica en su dirección y en el desborde de recursos de un elenco jovencísimo que lo da todo sobre las tablas. Juntos logran construir escenas milimétricamente equilibradas que retratan el caótico mapa mental de la adolescencia, pero con la lucidez necesaria para no devenir en ruido o dispersión que pudieran agobiar.

Lejos de la pretensión o el golpe bajo, la dramaturgia abraza la frescura de su costumbrismo sin perder espesor. Hay una escucha atenta al lenguaje y a las dinámicas de los jóvenes de hoy, lo que permite que el público conecte de inmediato a través de la risa, pero también desde la identificación. La obra entiende que el living de una casa o los secretos compartidos en una escapada al Tigre pueden ser el escenario de las batallas existenciales más profundas de la vida.

En un circuito que a veces abusa de la solemnidad, Prohibido subir al altillo se percibe como una bocanada de aire fresco absolutamente necesaria. Más allá de la efectividad de su humor y la prolijidad de su puesta, la pieza funciona como un evidente y potente semillero de talentos. Es una de esas obras que se recomiendan de boca en boca en redes y de cuyos protagonistas, sin lugar a dudas, volveremos a escuchar.