22/05/2026
prohibido
Es en ese espacio de cercanía extrema donde la obra nos propone una serie de binomios dialécticos: vida y muerte, madre e hija, teatro y televisión, ilustrado y popular, arte y ciencia, arte y vida. Desbordando de poesía y gestos profundamente conmovedores, la pieza nos llena —a les espectadores— la imaginación de imágenes fantásticas, sostenida por una expresividad impresionante de quienes están en escena.

Hay funciones que nos devuelven a la sala con la certeza de presenciar algo único. Escribir sobre Prohibido matarse implica el hermoso desafío de traducir la conmoción de una pieza que desborda honestidad poética y que, inevitablemente, te deja con los ojos llenos de lágrimas. La obra se presenta a sí misma como el ensayo general de una obra de teatro sobre un show televisivo; se autoproclama, desde el vamos, como un dispositivo metateatral. Sin embargo, lejos de quedarse en el mero regodeo intelectual, la puesta opera un gesto de un animismo descomunal: le otorga entidad y convierte en personajes activos y presentes a la música, las luces, el vestuario y los demás recursos teatrales. Aquí rige una suerte de democratización de la escena donde cada elemento tiene su momento protagónico, su derecho al centro de la acción —llegando a darle ese rol estelar incluso al mismísimo proscenio—.


Todo lo que veremos en este ensayo general está atravesado por un diagnóstico. Pero es allí donde la dramaturgia se despliega con fluidez, alternando con una sensibilidad orgánica momentos de comedia, drama y, sobre todo, arte y poesía. En lugar de apelar a la conocida fórmula de romper la cuarta pared, la dirección decide cristalizarla y empujarla sutilmente hacia nosotres, volviéndola convexa —cual pantalla de un viejo televisor de tubo que nos queda pegada a la nariz— para involucrarnos de manera inevitable en la profunda riqueza del proceso creativo cuando el arte funciona como estructura de pensamiento.


Es en ese espacio de cercanía extrema donde la obra nos propone una serie de binomios dialécticos: vida y muerte, madre e hija, teatro y televisión, ilustrado y popular, arte y ciencia, arte y vida. Desbordando de poesía y gestos profundamente conmovedores, la pieza nos llena —a les espectadores— la imaginación de imágenes fantásticas, sostenida por una expresividad impresionante de quienes están en escena. Así, la obra muestra con precisión al arte como forma fundamental de razonamiento; una manera de acercarse, vincularse, entender y estar en el mundo.


En estos tiempos donde el teatro se presenta como bastión de resistencia, Prohibido matarse elige una estrategia bellamente subversiva. Lejos de adoptar una postura aguerrida, la obra decide combatir —y con absoluto éxito— desde la alegría, la belleza y el amor. Al salir a la vereda, queda flotando la emoción de haber presenciado tanta hermosura y la certeza de que la ternura, cuando se ensaya con tanta rigurosidad, es una herramienta política indestructible.