Somos hacedores de teatro
El Sr. Ramírez experimenta el olvido hasta el absurdo. No recuerda el significado de las palabras, cada instante es una lucha por reconstruir de qué se compone una sensación y por revivir con qué parte del cuerpo se corresponde una emoción. El Sr. Ramírez es el reverso exacto de Funes el Memorioso.
El olvido y la memoria son los grandes temas de esta primera adaptación teatral de la homónima novela de Manuel Puig, publicada en 1980. Una pieza menos conocida que El beso de la mujer araña o Boquitas pintadas.
Para reconstruir su memoria el Sr. Ramírez necesita a Larry. Ramírez es un viejo argentino que en 1978 se exilia en Nueva York, Larry es un joven profesor neoyorquino que lo cuida y lo pasea en su silla de ruedas. El actor Luis Campos (Ramírez) recrea virtuosamente la odisea que implica la reconstrucción de una identidad, de un Yo descompuesto en un olvido perpetuo. Aparece aquí la necesidad, tan inevitable como conflictiva, del diálogo con un otro. Porque no hay identidad posible sin un otro con quien hablar. “Hablame para que se me vaya este dolor insoportable en el pecho”, ruega Ramírez, que teme morir. Pero el movimiento no es lineal: Larry (Mateo Chiarino) también reescribe su historia en el vínculo con Ramírez. La actriz Luz Miraldi encarna figuras femeninas que gravitan entre ambos: madre, esposa, amante, enfermera. A su vez, las malditas páginas que Ramírez ha escrito en el pasado han reaparecido, para demostrar, una vez más, que sin lenguaje hay nada, que las palabras pueden ser un refugio frente al olvido y la muerte.
Páginas malditas son releídas. En su olvido Ramírez transita una difusa frontera entre sueño y realidad. ¿De qué se compone la voz que resuena cuando pensamos, cuando recordamos, cuando leemos? Y como rasgo distintivo de las obras de Puig, las múltiples conexiones entre lo personal, lo sexual y lo político, incomodan. Bienvenido siempre aquello que incomoda.
Claudia Piñeiro y Marcelo Moncarz recuperan esta pieza de Puig en un contexto político donde se ha intensificado la disputa por cómo y qué se cuenta de la historia argentina. Qué recordar y qué olvidar. Y cómo operan el olvido y la memoria en un cuerpo, la alegoría literaria que Puig ensaya para narrar su propia experiencia de exilio en Nueva York durante la última dictadura cívico-militar en Argentina, bien merecía una expresión teatral.
Esta obra, que puede verse en la sala del espacio cultural Hasta Trilce, en el barrio de Almagro, es una oportuna revitalización de la Memoria como problema político. Solemnizada, abstracta y aislada de los cuerpos, es cuando la Memoria también corre peligro.
Ficha técnica de la obra