17/01/2026
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Las actuaciones de Plada y Silvera Perdomo son un deleite. Su excelente labor física y vocal les permite ejecutar sin problemas la alternancia entre el texto propio y el original, todo esto en una clave de clown oscuro que funciona perfectamente durante 70 minutos. Ellos, en su rol de Sepultureros, tienen el encargo de enterrar a los muertos de la popular tragedia: al rey “huesitos”, a la hermosa reina, a Claudio y su cabeza enorme, y a un príncipe Hamlet maquillado al estilo drag.

Los Sepultureros, la ingeniosa versión insolente de Hamlet, de la autoría de Rodrigo Spagnuolo, concluyó su breve pero memorable visita a nuestro país con dos funciones en el teatro El Tinglado, dejando al público dos noches a pura risa. Esta vuelta de tuerca al clásico isabelino es dinámica, entretenida y ejecutada con una precisión destacable.

Merece una mención especial la labor de Catalina Peraza, cuyos vestuarios poseen un nivel de detalle digno de las producciones más ambiciosas. Las prendas logran una dimensión completa y precisa: estamos, en efecto, ante dos sepultureros del período isabelino, y, sobre todo, ante dos hombres miserables que se visten con lo que encuentran. La escenografía de Johana Fonseca crea un parque de diversiones visual para que los actores demuestren su virtuosismo, cumpliendo con creces la labor de contextualizarnos espacialmente, a la vez que nos da la libertad de imaginar ciertos detalles en su estética clown.

Las actuaciones de Plada y Silvera Perdomo son un deleite. Su excelente labor física y vocal les permite ejecutar sin problemas la alternancia entre el texto propio y el original, todo esto en una clave de clown oscuro que funciona perfectamente durante 70 minutos. Ellos, en su rol de Sepultureros, tienen el encargo de enterrar a los muertos de la popular tragedia: al rey “huesitos”, a la hermosa reina, a Claudio y su cabeza enorme, y a un príncipe Hamlet maquillado al estilo drag.

Confiar esta labor a dos hombres viciosos y miserables es, naturalmente, una tarea cuestionable. Y es aquí donde la trama de Spagnuolo toma su desvío más hilarante. Tras una serie de sucesos, caemos ante una situación de todo menos ideal: en sus sucias manos está el futuro de la patria. Ante la tentación, salen a la luz sus peores caras. Quienes comienzan como amigos, harán todo lo necesario para perjudicar al contrario mientras enumeran para la audiencia los puntos claves de su “nación ideal”, siendo estos, evidentemente, uno peor que el otro. La codicia y la torpeza dictarán de allí en más cada momento de la obra. El gran despliegue físico y el clown siguen como protagonistas, logrando que aun los momentos más trágicos sean tolerables gracias al ingenio escénico.

Ahora bien, ¿por qué seguir representando Hamlet en 2025? La respuesta la encontramos en la cantidad de referencias y gags a la contemporaneidad que contiene el ingenioso texto. Es allí también donde destaca el trabajo de Spagnuolo: hay una actualidad en esta historia que es capaz de adaptarse a cada situación y contexto, el texto se actualiza en cada representación. Cecilio y Tibursio pueden tener otras caras y otros roles, pero la codicia y la torpeza son los invitados que se cuelan en todas las fiestas.