12/05/2026
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La obra respira el aire del grotesco criollo y el costumbrismo más auténtico, con una estela que recuerda, por momentos, a la maestría de Esperando la Carroza. Travaglia captura la paradoja argentina: el intento de sostener rituales gastronómicos invernales en medio de un verano sofocante. "Se encierra el aire", dice una de las comensales, y la frase trasciende lo climático para volverse metáfora del ahogo emocional de verdades que ya no pueden ocultarse. "Lloraba más de lo que sangraba", dice otra. Líneas que condensan la esencia de la obra. En "El Deleite", el drama siempre está sazonado con esa cuota de exageración y chisme que constituye nuestra identidad nacional.

En “La última escena”, de Damián Travaglia, el espectador se encuentra frenta a la mesa de un banquete vibrante, caótico y profundamente humano. Desde el primer contacto con el programa de mano, cuyos firuletes de bodegón porteño anticipan el código visual y cultural, queda claro que no se asiste a una representación convencional, sino a una disección pictórica de nuestra propia identidad.

La puesta, dirigida por el propio Travaglia junto a Agustina Aguirre Aulestiarte, comienza con un manifiesto estético: diez intérpretes estáticos en una quietud que remite a la atmósfera del realismo inglés de Harold Pinter. Es un cuadro en potencia, una naturaleza muerta que espera el “play” invisible para estallar en movimiento. En la última escena, la “última cena” se transita entre platos de un menú navideño en el bodegón “El Deleite”, donde el tiempo corre hacia las doce de la noche bajo la presión del calor de diciembre.

Las mesas son mundos en colisión: una madre, su cuidadora y una hija que llega desde Francia, exponiendo los hilos tensos de la ausencia; una pareja que parece estar más vacía que el vino que no deja de pedirse; una actriz- cuya soledad ni la cena logra mitigar- que observa y anota, convirtiendo su dolor y la anécdota ajena en material de creación, un guiño inteligente a la propia disciplina.

La dirección utiliza con maestría los juegos de figura y fondo. La mirada del espectador es dirigida con precisión cinematográfica: mientras una mesa toma el protagonismo, el resto del bodegón sigue latiendo en un segundo plano, construyendo una polifonía de relatos que nunca se interrumpe, y uno de los puntos más altos de la propuesta es la hilvanación del texto. Los diálogos no mueren en una mesa, sino que el remate de una conversación funciona como el disparador de la siguiente, creando una red invisible que une a estos desconocidos bajo un mismo destino.

La obra respira el aire del grotesco criollo y el costumbrismo más auténtico, con una estela que recuerda, por momentos, a la maestría de Esperando la Carroza. Travaglia captura la paradoja argentina: el intento de sostener rituales gastronómicos invernales en medio de un verano sofocante. “Se encierra el aire”, dice una de las comensales, y la frase trasciende lo climático para volverse metáfora del ahogo emocional de verdades que ya no pueden ocultarse. “Lloraba más de lo que sangraba”, dice otra. Líneas que condensan la esencia de la obra. En “El Deleite”, el drama siempre está sazonado con esa cuota de exageración y chisme que constituye nuestra identidad nacional.

Incluso el azar parece estar al servicio de la obra. Cuando la moza sentencia: “No va a entrar nadie más”, una espectadora ingresa a la sala. Magia. Palabra que comparten el teatro y la navidad, dos organismos vivos capaces de absorber la realidad y devolverla transformada en una escena.

¿Qué hay detrás de los deseos cuando la Nochebuena no es una buena noche? ¿Qué hay detrás de cada ilusión en el conteo de las 00:00?

Mientras el eco de los fuegos artificiales se desvanece, queda el consuelo de que, cuando un camino se acaba, siempre hay un nuevo camino para volver a empezar… El intento de tapar con un brindis el vértigo de las despedidas y la persistencia de la mesa como el único lugar donde, a pesar de todo, seguimos intentando encontrarnos. Encontrarnos en este banquete de soledades compartidas para redactar nuestra propia y definitiva última escena.