04/05/2026
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Con actuaciones alucinantes, una puesta que no deja lugar a dudas y un diseño de luces y sonidos que nos sumerge en la psiquis de los personajes, La lógica de la culpa es el excelente y sólido trabajo de Corina Fiorillo y su equipo.

La lógica de la culpa es un drama psicológico y policial que impacta desde el minuto cero. Protagonizada por Gustavo Pardi y Roberto Vallejos, la obra se sostiene sobre una puesta en escena sencilla: el espacio está despojado de escenografía, salvo por las sillas que marcan los movimientos escénicos, pero la tensión que se respira en el ambiente es tangible

Luego de 27 años sin verse, Simón y Franco se reencuentran por casualidad. Lo que comienza como un accidente del destino, rápidamente deviene en un largo descenso por el túnel de la culpa y las promesas rotas. Durante 60 minutos, el público asiste a un escalofriante espiral psicológico. Con una estructura deliberadamente repetitiva, los personajes rememoran sin tregua el suceso que los persigue desde aquella última vez.

La dicotomía de decir o no decir se instala entre los amigos como un abismo. Simón quiere hablar y siente que enloquece por la culpa; Franco se aferra a su silencio como un ancla —o un escudo—. Lo que comienza con un abrazo entre ambos, finaliza con los actores dispuestos en cada punta del espacio. La distancia física y la culpa se apoderan de la escena: ya no solo se manifiestan psíquicamente, sino que se materializan en esa separación, en los ojos penetrantes de Simón y en los gritos de Franco.

En medio del tira y afloja entre los hombres, el espectador intenta reunir los datos de aquella fatídica noche. Sin embargo, los hechos comienzan a distorsionarse cada vez más, y la verdad y la mentira se vuelven el eje de la historia. Aunque nunca expresan claramente lo que sucedió, las palabras no son necesarias: sus miradas atormentadas lo dicen todo. Es ese doble silencio —el que envuelve los hechos y el que se alza sobre la sala— el que tiñe el convivio de un misterio exquisito.

Con actuaciones alucinantes, una puesta que no deja lugar a dudas y un diseño de luces y sonidos que nos sumerge en la psiquis de los personajes, La lógica de la culpa es el excelente y sólido trabajo de Corina Fiorillo y su equipo.