10/01/2026
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La química de Früst y Salinas es innegable, sus miradas intensas logran que como espectadores también sintamos el remolino de emociones que los sacude. Pero no todo es dolor e intensidad, Pérez, con sus intervenciones dinámicas y astutas, corta la tensión en el momento justo y nos hace reír, completando a su vez el contexto de escritura de la obra, donde, encarnando momentáneamente la voz del dramaturgo, nos cuenta que él mismo atravesaba momentos de cambios y buscaba su gran amor. A pesar de que se juegue constantemente con la idea de que las didascalias son prescindibles, su personaje no lo es.

¿Se puede ensayar una ruptura amorosa? ¿Podemos vivir un mismo momento, una y otra vez, hasta lograr que ya no duela?, Cuando todo está dicho, cuando las palabras son tajantes y precisas, ¿qué hacemos con lo que queda atrás?, ¿quién cuidará las plantas?

Sería una pena que se marchitaran las plantas nos presenta una pareja en medio de una ruptura amorosa. En cinco escenas, conducidas por didascalias precisas, que le indican al actor y la actriz qué hacer en cada una de ellas, asistimos al ensayo de este quiebre. Ella da el primer paso, tajante “te estoy dejando”, y él, sólo puede asentir. Sus ojos gritan lo que el corazón siente, pero las palabras, en este caso, son necesarias.

La puesta es inmersiva, con los espectadores rodeando el espacio y la acción desarrollándose en el medio, y las cinco escenas crean una estructura cíclica: ella llega al departamento en el que tantos recuerdos quedan, primero para ver cómo está el actor, luego porque llueve, luego por los vecinos, luego -y siempre-, porque lo extraña.

La química de Früst y Salinas es innegable, sus miradas intensas logran que como espectadores también sintamos el remolino de emociones que los sacude. Pero no todo es dolor e intensidad, Pérez, con sus intervenciones dinámicas y astutas, corta la tensión en el momento justo y nos hace reír, completando a su vez el contexto de escritura de la obra, donde, encarnando momentáneamente la voz del dramaturgo, nos cuenta que él mismo atravesaba momentos de cambios y buscaba su gran amor. A pesar de que se juegue constantemente con la idea de que las didascalias son prescindibles, su personaje no lo es.

“A veces hay que borrar algo para que resalte lo que queda”, dice el personaje de las didascalias en un momento de reflexión. Mientras ella le ruega a él que recuerde cuál era la canción que sonaba cuando se dijeron “te amo”, esta obra nos abraza y nos da la mano a quienes alguna vez atravesamos un momento de desamor. Buscar la fuerza para irse, volver esperando que algo cambie, y las plantas en el centro de todo, como símbolo de aquello que hay que cuidar a toda costa. Sería una pena que se marchitaran las plantas, con su dulzura y corazón, deja una huella memorable en nuestro teatro y resalta la potencia del trabajo de todo el equipo creativo.