01/02/2026
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El aceitado elenco no sólo se encarga de mantener la acción dramática, sino que, a su vez, abre un espacio de diálogo y reflexión en el espectador: como individuos, ¿cómo estamos cuidando a aquellos que en su momento cuidaron de nosotros?; como sociedad, ¿las instituciones geriátricas cumplen verdaderamente su función o son sólo un modo de apartar de la vida social cotidiana a la vejez?; como familia, ¿nos hacemos el tiempo para acompañar esta nueva etapa de la vida de nuestros ancianos?; como país, ¿existe aún la gratitud por aquellos que hicieron al suelo que hoy nos sostiene?

El teatro en tanto ente, acontecimiento y reunión de cuerpos presentes se encuentra siempre en el místico linde de lo ritual-social. A las tablas llegan cuerpos que se transmutan en la poíesis para contar historias, símbolos, denuncias y certezas; y como es bien sabido, toda ficción parte, por supuesto, de alguna realidad. Es precisamente en esto en lo que Eleonora Lotersztein y su equipo se empapan para llevar a escena la cruda verdad de un mal social que nos acecha: el encierro, ocultamiento y eventual olvido de la vejez.

Por mano propia se trata de una comedia dramática que durante 60 minutos introduce al espectador al interior de un geriátrico que ha sido tomado a la fuerza por sus internos en respuesta al maltrato, la negligencia y la falta de dignidad que se vive entre sus paredes. El elenco, mayormente conformado por actores de la tercera edad, se va encargando de contar y reconstruir los hechos tras el asesinato encubierto de Nilda, una interna, a manos de una enfermera de la institución que se suponía debía cuidarla y encargarse de acompañar su vejez.

Está bien establecido -entre aquellos que asistimos a la comunión teatral- el hecho de la imposibilidad de separar el cuerpo biológico y social del actor del cuerpo del personaje. Sin embargo, lo que podría verse a simple razón como una incapacidad indisociable es -y guarda- a la vez potencia simbólica. Por mano propia se aprovecha de esta condición para dar lugar, entidad y visibilidad a aquellos cuerpos, aquellas personas, aquellos talentos que hoy tanto se denigran en el discurso oficial por el mero hecho de ya no encontrarse insertos como sujetos activos del mercado laboral. De tal forma, la sola presencia de su elenco en escena ya es un acto de denuncia y reivindicación; de resistencia y acto de amor al arte; de ritual y protesta; de escucha y entendimiento.

Teresa Gloria Abdala, Omar Gómez Altamirano, Christian Gabriel Álvarez, Maria Buscaglia, Jorge Cantero, Susana Fantini, Eleonora Lotersztein, Juan Carlos Maiztegui, Karina Ivana Palacios, Alejandro Stordeaur y Maria del Carmen Toro dan vida a un drama social que esconde entre sus líneas la demanda de una deuda para con el cuidado al legado que permitió nuestro porvenir.

El aceitado elenco no sólo se encarga de mantener la acción dramática, sino que, a su vez, abre un espacio de diálogo y reflexión en el espectador: como individuos, ¿cómo estamos cuidando a aquellos que en su momento cuidaron de nosotros?; como sociedad, ¿las instituciones geriátricas cumplen verdaderamente su función o son sólo un modo de apartar de la vida social cotidiana a la vejez?; como familia, ¿nos hacemos el tiempo para acompañar esta nueva etapa de la vida de nuestros ancianos?; como país, ¿existe aún la gratitud por aquellos que hicieron al suelo que hoy nos sostiene?

Mediante actuaciones sensibles y un ritmo que acompaña Por mano propia de Eleonora Lotersztein propone un acercamiento a la empatía, responsabilidad, verdad y justicia para con nuestros adultos mayores brindándoles el espacio para revelar por mano propia todo aquello de lo que son capaces, todas las luchas diarias que vienen con el hecho de envejecer y todo el valor que tienen para ofrecernos.

*Este domingo 30 es la última función en el Teatro LA MÁSCARA, incluirá un conversatorio después de la obra. Más que invitados a este hermoso convivio.