Emmanuel Maximiliano Pereyra sostiene el unipersonal con una actuación que mezcla firmeza y fragilidad. Su voz, que puede ser potente o casi quebrarse, acompaña el vaivén entre lo que Pedro piensa, dice e intenta ocultarse a sí mismo. No interpreta tanto una serie de anécdotas, como una forma de pensar: un hombre que, luego de una búsqueda externa de grandeza, se encuentra con lo que le queda, él mismo.
