Los actores —Marcelo Saltal, Verónica Kamlacz, Pablo Olarticochea, Gisela Fiordelmondo, Oscar Souto— funcionan como un ensamblaje afilado: cada uno aporta energía y riesgo. En algunos pasajes, el desborde propio del grotesco roza la saturación, pero esa intensidad es también parte del juego que propone la obra.
