Hoy, 30 de noviembre, el teatro argentino tiene doble motivo de celebración. No es solamente una efeméride: es un recordatorio de los cimientos que dieron forma a nuestra identidad escénica y de la fuerza creadora que mantiene vivo al teatro independiente desde hace siglos.
En esta fecha se recuerda la inauguración del Teatro de la Ranchería, el primer ámbito formal destinado a representar piezas dramáticas en Buenos Aires.
Estaba ubicado en la actual esquina de Alsina y Perú, un punto hoy rodeado de tránsito, oficinas y turistas, pero que alguna vez vibró con la curiosidad del público colonial.
La Ranchería fue un símbolo de comienzo: un espacio humilde, de estructura sencilla, pero con un objetivo claro—llevar teatro a la gente. Allí se representaron obras criollas y también piezas de autores españoles, marcando el inicio del camino hacia una identidad teatral propia.
El teatro funcionó hasta que un incendio lo destruyó el 16 de agosto de 1792, pero su huella quedó grabada para siempre: fue el primer hogar para nuestra dramaturgia.
También un 30 de noviembre, pero de 1930, abrió sus puertas el Teatro del Pueblo, fundado por Leónidas Barletta. Esta sala marca otro hito fundamental: es considerada la primera sala de teatro independiente de América Latina.
Su propuesta era revolucionaria para la época:
Autogestión
Acceso popular
Obras de contenido social
Espacio para dramaturgos y actores fuera del circuito comercial
El Teatro del Pueblo plantó bandera y dio pie a todo un movimiento cultural que impulsaría nuevas estéticas, nuevas voces y una forma distinta de entender la producción teatral.
De algún modo, cada sala independiente de hoy—desde las más pequeñas hasta las más consolidadas—lleva algo de ese legado.
El 30 de noviembre es más que una efeméride: es una oportunidad para recordar que el teatro argentino nació del impulso colectivo, de la necesidad de expresión, del deseo de contar historias sin pedir permiso.
Es también un reconocimiento a:
Quienes gestionan salas sin subsidios suficientes.
Quienes ensayan a contrarreloj entre trabajos y compromisos.
Quienes escriben, dirigen, actúan, iluminan, producen y sostienen proyectos a puro corazón.
El público que sigue eligiendo la cercanía del teatro independiente.
Hoy celebramos a todas las hacedoras y todos los hacedores del teatro argentino:
actores, actrices, directores, dramaturgos, técnicos, productores, gestores, estudiantes, maestros, espectadores.
A quienes mantienen encendidas las luces incluso cuando parece que todo se oscurece.
A quienes militan la pasión por el teatro desde salas pequeñas, galpones reciclados, centros culturales, cooperativas, casas devenidas en teatros.
A quienes creen, insisten, inventan y reinventan.
Que La Ranchería nos recuerde siempre de dónde venimos
y que el Teatro del Pueblo nos inspire a seguir creando hacia dónde vamos.